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An. 2. Congr. Bras. Hispanistas Oct. 2002

 

La tejedora de coronas o el reingreso a la historia en busca de lo esencial

 

 

Alfredo Laverde

USP
CAPES

 

 

El conjunto de escritos de Ángel Rama recopilados bajo el título Novela latinoamericana 1920- 1980 publicado en Bogotá en 1982, se presenta como una de las evaluaciones más lúcidas del boom como proceso de modernización en la narrativa latino-americana.

Entre la larga lista de autores, ubicados por el autor en el posboom, aparece de soslayo el nombre de Germán Espinosa, autor de Los cortejos del diablo novela publicada tanto en Caracas como Montevideo y premiada como el libro del año en Buenos Aires en 1970.

Para aquellos que desconocen los avatares de la literatura colombiana, es importante resaltar que este autor, nacido en Cartagena en 1938, comienza a publicar en 1954. Como todo escritor colombiano que se respete, se inició con la poesía pero ésta, lejos de ser la que le permitiría alcanzar la gloria, lo convirtió en un autodidacta, pues fue expulsado del Colegio de Nuestra Señora del Rosario, el mismo claústro en el que José Celestino Mutis desafiaría a la autoridad religiosa en 1763 con su preámbulo al método de Newton y la exposición de la teoría heliocéntrica de Copérnico y pronunciaría, entre otras, las siguientes frases:

Procuremos imitar a la Europa sabia (...) razón será senhores, que imitemos la conducta de los sabios, apartando la atención de los ruines respectos de nuestra España detenida (MARQUINES, 1982, p. 10).1

Curiosamente, sus poemas reunidos bajo el título Letanías del crepúsculo no fueron ni de tema político ni mucho menos antireligioso sino, como el título lo indica y el autor lo confirma, eran 'de corte modernista, específicamente lugonianos' con contenido erótico.

Así mismo, publicó en 1965 la novela La noche de la trapa y en 1966 El Basileus.

Rama al referirse al autor alude a una influencia "garciamarqueana", según se puede inferir apenas natural ante la genialidad de Cien años de soledad y de la que ni siquiera el autor mismo se ha podido librar.

El sabor que queda después de esta corta referencia es que se trata de una narrativa menor y dependiente, seguramente efímera. Paso seguido manifiesta, explícitamente, su admiración por el desarrollo alcanzado en la literatura colombiana y menciona a: Plinio Apuleyo Mendoza, Luis Fayad, Oscar Collazos y Rafael Humberto Moreno-Durán entre otros. Autores que en efecto conforman el campo de la novela en Colombia entre 1975-1995.

Es sin embargo una lástima que no se haya detenido a considerar la genialidad e innovación de una obra como Los cortejos del diablo que desde la perspectiva de hoy, no puede ser considerada ni 'garciamarqueana' ni mucho menos como parte del Realismo Mágico. Sin embargo, es natural que el Caribe y su rerpresentación le haya pertenecido, casi que exclusivamente durante mucho tiempo, a García Márquez pues su brillo ocultó a sus contemporáneos.

En consecuencia, el redescubrimiento o reconocimiento a la obra de autores como Germán Espinosa o Héctor Rojas Herazo, ambos de la Costa Atlántica, se dió a finales de la década de los ochenta y principio de los noventa.

Como es de conocimiento de todos, las décadas del setenta y ochenta fueron particularmente prolíficas en la creación de novelas históricas. En especial en Colombia tenemos, los ahora clásicas: Estaba la pájara pinta de Alba Lucía Ángel, La otra raya del tigre de Pedro Gómez Valderrama, La tejedora de Coronas de Germán Espinosa, Las cenizas del Libertador de Fernando Cruz Kronly, Los pecados de Inés de Hinojosa de Própero Morales Pradilla y El otoño del patriarca y El General en su laberinto de García Márquez, entre otros.

Algunas de ellas tuvieron un período de creación de casi una década., otras de algunos años, pero todas coinciden en que fueron afectadas de una u otra manera por la conocida política del reflujo en América Latina como respuesta a los efectos de la revolución cubana representados en la proliferación de movimientos obreros y estudiantiles y los intentos de cambio mediante la lucha armada, su posterior fracaso y, en especial, en Colombia, el sentimiento de frustración entre los intelectuales y los artistas.

Es importante anotar que Colombia, al igual que el resto de Latinoamérica, logró los más altos niveles de modernización en la década de los setenta y que los ochenta fue una época de intensa actividad política reprimida por el denomidado Estatuto de Seguridad y la Guerra Sucia. La prolongación de una situación que urgía de la modernización del Estado y la supresión del Frente Nacional2, figura política que garantizaba la alternancia en el poder de los dos partidos tradicionales: Liberal y Conservador. El país fue dirigido con una mentalidad estática que miraba con desprecio y desconfianza toda discrepancia. En definitiva toda oposición se asimiló como subversiva. El crecimiento económico3 vertiginoso trajo consigo el aumento del nivel educativo. En 1950 el 43% de la población era analfabeta, en 1984 se había reducido al 15%. Por los días de noviembre de 1984, el historiador Álvaro Tirado Mejía afirmaba:

Es innegable que ahora, más que en otras épocas, existe una desfase entre la situación institucional y las necesidades que se han producido por las nuevas realidades sociales. Es preciso en forma acelerada, cerrar esta brecha por medio de una política modernizante y de reforma... (SANTAMARÍA, 1984, p. 21)3.

y termina su escrito parafraseando a Rafael Nuñez con la siguiente frase, que representa la urgencia de la adecuación del Estado y sus instituciones a las nuevas condiciones, ''Reforma, modernización o catástrofe''4. El hecho de que esta frase haya sido pronunciada un siglo antes, no hace más que preocuparnos, pues parece que es una condición natural del estado colombiano el ser incapaz de asimilar el cambio y darle cabida a la diferencia. De acuerdo con todo lo anterior, nos queda una pregunta: En qué momento de nuestra historia se tomó el camino equivocado?

 

Una posible respuesta a esta pregunta

Tal vez lo más importante en una ocasión como ésta, sea incitar a la lectura, despertar el interés por una de las novelas históricas colombianas más importantes de finales del siglo XX. La tejedora de coronas, publicada en 1982, es un monólogo de 564 páginas en cuyo interior solo reina la coma y el punto aparte hace su aparición para determinar los cortes que configuran, los diecinueve capítulos en que está dividida.

En síntesis la novela narra, a la altura de casi cien años, la vida de la protagonista Genoveva Alcocer ''criolla cartagenera'', quien desde las masmorras del palacio inquisitorial, recuerda cada uno de los detalles de su vida: desde su violenta iniciación sexual con los filibusteros de la isla Tortuga hasta su encuentro con la bruja de San antero. Genoveva, tejedora de coronas, cuenta que fue objeto de inspiración del joven astrónomo Federico Goltar, alma pura y negada a la praxis quien descubre el planeta verde (Urano) y en honor a ella lo bautizará con su nombre. Esto sin embargo, a pesar de determinar su destino, adquiere significado cuando en las playas paradisíacas de Zamba ocultan a Leclerq, sujeto despreciable y demoníaco que acompaña al barón de Pointis durante la invasión de Francia a Cartagena a finales del siglo XVII.

Esta invasión no es solamente una de las tantas oportunidades en las que los europeos saquean a América, más bien es un doloroso ritual de iniciación de Genoveva, que en palabras de Lucien Goldmannn, podría ser interpretado como la ''Evolución del saber a la acción –con el recorrido que ella implica desde la inocencia hasta la culpabilidad inevitable y asumida como el único camino que a través del pacto con el diablo, puede conducir al hombre hacia Dios'' (GOLDMANN, 1968, p. 16). Genoveva y el joven astrónomo, Federico, ingenuamente, creen que Leclerq los llevará a Europa a cambio de su silencio.

Casi cien años después en el recuento de lo sucedido en los días posteriores a la toma de Cartagena y aplacada la ira de la Inquisición que cobró las vidas de Federico, de su padre padre y hermano, Genoveva descubrirá, frente al espejo biselado de su cuarto y a través de la observación temerosa de su cuerpo profanado, por decenas de filibusteros, la clave de la historia y la representación del universo:

...sólo para repasar con ellos (sus ojos) el delicado nudo de los tobillos, bajo los cuales se cimentaba la espléndida arquitectura, para torcer el gesto ante las rodillas firmes y antiguas, como moldeadas al torno, para ascender voluptuosamente por la vía láctea de los muslos hasta detenerlos en el meandro divino, en el delta codiciado por el que medievales caballeros cruzaron sus espadas en justas de honor, perfecto intercolumnio cuyos soportes cilíndricos habían de rostrar, no los espolones de las naves fenicias, sino las suaves garras del amor... (ESPINOSA, 1984, p.10).

Es a partir de esta decripción que aparecerá una de las claves del texto: la recuperación del cuerpo y la importancia de la sexualidad , pues en

(...) el Universo todo lo que se aleja de ella se aproxima a la muerte, porque en el cosmos que fluye sin cesar, que es creatio continua, todo es amoroso y divisible, y angélico es lo humilde, lo intrascendente, lo común, lo gregario, y satánico lo particular, lo soberbio, lo trascendental, lo único, y si el pecado es común, gregario, la virtud será solitaria, desdenhosa, sensual, demoníaca (...) (ESPINOSA, 1984, p. 529-530)

Es sólo a partir de este reconocimiento que es posible la salvación.

Coherente con esto, Genoveva se convirtió no sólo en amante de su esclavo Bernabé, sino de cuanto intelectual llegaba a Cartagena y se declaró 'la dadora universal', afortunadamente, con un vientre esteril pero con una mente fértil y ávida de conocimiento. En definitiva, aparece como un personaje emblemático de la América permeable a todas las influencias pero inevitablemente única.

Años depués viaja a Europa, a la Francia del siglo de las luces y se convierte en la amante de Voltaire. Allí, desde su perspectiva vitalista, absorbe la filosofía de la Ilustración aunque siempre cuestionando esa confianza excesiva, inexplicable e irreal en la razón. Desde la perspectiva del vitalismo, la novela se centra en la superación del saber puro, carente de contenido esencial y actividad, incapaz de llegar al conocimiento a través de la praxis del devenir histórico de la humanidad en cuanto acción de los hombres dentro y sobre la historia.

Lo anterior lejos de ser un argumento para explicar nuestra diferencia, se convierte en la base que permite la superación de viejas contradicciones y deficiencias de un continente que se asfixia en el racionalismo y la desmitificación como el europeo.

El paso del pensamiento a la praxis implica en Genoveva una búsqueda incesante de las fuerzas del mundo, en oposición a las de un mundo teorético, fundamenta la concepción cósmica de Genoveva quien al igual que Fausto cuando busca la magia no esta remitiéndose a conjuros o pócimas, sino que desde su visión dialéctica ve al mundo como un gran libro en donde se encuentra la clave de la existencia humana.

En definitiva, Genoveva a través de su alter ego, la bruja de San Antero, con quien diáloga en la masmorra del Palacio de la Inquisición, tendrá la posibilidad de explicar la verdad de los acontecimientos que han quedado en la oscuridad para la Historia a través de las herramientas que da el reconocimiento de las fuerzas de la naturaleza y de la lectura del mundo como un gran libro:

...cuando auscultaba las aguas de los lebrillos y apartaba los velos del pasado y del porvenir, puesno es de las brujas que se unge con unturas de matas frías o de tripas de sapo con el objeto de adormecer su cuerpo y sonhar con diablos cristianos que las posean (...) sino que su brujería es otra muy diversa, la que probablemente más fastidia a la Inquisición, aquella que consiste en convocar a las fuerzas telúricas, a los poderes de la naturaleza, para despejar las nieblas del tiempo y ver más allá de los afanes inmediatos del hombre...(ESPINOSA, 1984, p. 538-539).

El deambular de Genoveva por Europa la convierte en la primera mujer masona, fundadora de la logia matritense y portadora de las ideas de la Ilustración tanto en Norteamérica como en la América espanhola. Sinembargo, la recepción que pudo encontrar en George Washintong e incluso en el benevolente Papa Benedicto XIV, en Cartagena no pasó de ser más que un espejismo provocado por las construcciones. La modernidad es apariencia, no há sido objeto de interiorización por parte de los sujetos:

...mis ojos ávidos pudieron admirar los nuevos merlones y explanadas de hormigón de los baluartes de San Javier, San Ignacio y San Andrés, las nuevas baterías que dominaban desde San Felipe de Barajas... pues si bien ellos (los cartageneros), al revés que su ciudad no habían experimentado transformación alguna, en ellos no podía hallarme ( ESPINOSA, 1984, p. 542).

La 'modernidad', en defintiva, ha llegado mutilada y según el filósofo Rubén Jaramillo, citando a Villaveces

(para) la mayoría el aprendizaje de las ciencias no ha conducido a la independencia del sujeto, a su liberación de sistemas trascendentes y ajenos a sí mismos, se han aprendido pero no se han aprehendido, han servido para resolver problemas típicos –como el saber de las abejas les sirve para construir paneles típicos-, pero sin realizar lo que Marx llama la diferencia fundamental entre la abeja y el arquitecto (JARMILLO, 1994).

El problema se centra en la incapacidad del hombre latinoamericano, y en especial colombiano, de constituirse como sujeto libre de predeterminaciones que doblegan su voluntad y por ende le impiden escribir su destino. La finalidad debe ser alcanzar ''la mayoría de edad'' mediante la superación de los ''sistemas trascendentes'', como el catolicismo, que no han permitido la aparición de la ética secular, fundamental en las sociedades modernas.

Germán Espinosa al condenar el legado hispano-católico contrarreformista, mediante una obra construída a modo de monólogo confesional, constituye un discurso eminentemente moderno en el que la vida pública pasa a ser inevitablemente privada. La subjetividad es el punto de referencia que le da validez al discurso y por ello como manifestación indiscutible de un espíritu moderno se asume desde su corporeidad en contradicción con el catolicismo que la niega.

Los argumentos de Genoveva, las discusiones con los grandes pensadores del siglo XVIII reproducidas desde su punto de vista, convalidan la individualidad, el derecho de ética y la autonomía de la acción como aspectos fundamentales del denominado, por Habermas, autocercioramiento de la modernidad (HABERMAS, 1989, p. 29).

Podría argumentarse que una visión vitalista, es lo opuesto a la racionalidad pero resulta que lo uno no contradice a lo outro pues el individualismo y la individualidad de la acción nos hacen fiadores de aquello que hacemos. Desde la experiencia individual y la particularidad, es posible poner a convivir de una manera armoniosa los polos opuestos. Lo importante de la modernidad es que se sabe así misma. Se autoconstruye.

No pretendo en este escrito explicar la solución poética al problema de la especificidad latinoamericana presentada por Germán Espinosa pero me gustaría llamar la atención con respecto a su concepción de la novela histórica y los fines políticos de ésta.

El objetivo de la relectura de la historia para Espinosa se centra en la posibilidad de ''criticar, ironizar, satirizar lo actual remitiendo al lector a tiempos lejanos''en busca de un horizonte de expectativas en la medida en que ''la esperanza de lo nuevo futuro solo se cumpla mediante la memoria del pasado oprimido''. Este ahora de Walter Benjamin opera una drástica inversión al atribuirle a las épocas pasadas un proyecto histórico del cual somos deudores (HABERMAS, 1989, p. 75)5.

Muy por el contrario, el Gabriel García Márquez de Del amor y otros demonios, por poner un ejemplo, retrocede al siglo XVIII para mostrarnos, a través de una visión nostálgica la urgencia de volver a valores de la premodernidad. El amor cortés, desde el imperativo categórico anti-capitalista romántico es una opción de felicidad que no debe negarse el hombre contemporáneo.

Genoveva Alcocer, según la clásica descripción de Lukacs, es un personaje demoníaco en una búsqueda degradada de valores auténticos en un mundo degradado y encarna la deuda contraída con el pasado.

Desde el punto de vista formal, la narración se nos presenta a través de un discurso amalgamado, paratáctico, en el que se rompen las normas de la retórica tradicional. Estilísticamente la parataxis (relación de coordinación entre dos frases en el seno de un enunciado o de un discurso) senhala un discurso meditado y racional.

La predominancia del lenguaje sobre el sujeto es interpretada por Adorno como la subordinación del ser al lenguaje, en cuanto que no existe más que por éste, y es a través de él que se puede liberar (Cf. ADORNO, 1984, p. 335-336). En La tejedora de coronas el discurso paratáctico reafirma la convivencia de los discursos ideológicos contrarios formalizando, a través de la arquitectura del texto, la tolerancia en oposición a la intolerancia expresada en el contenido.

No es posible interpretar el barroco de Germán Espinosa, como una forma de afirmación de los estereotipos de la América fantástica o prolongación de la visión alucinada de los conquistadores espanholes, para él es fundamental abandonar el realismo maravilloso y empenharnos en desentranhar el ser latinoamericano y su papel histórico que para nada satisface las exigencias del gusto europeo. Como parte del mestizaje o sincretismo característico de América, el barroco le es inherente. Es por ello que Espinosa lo elige para expresar contenidos fundamentales, así como para lanzar la propuesta de abandonar el gran relato hispano- católico que ha frenado su constitución del hispanoamericano como individuo autónomo.

El autor reprocha ''el papel de Scheherezada'' que la novela hispanoamericana ha asumido al fomentar 'los mitos' y las mentiras que se han convertido en estereotipos creados por el europeo. En definitiva, la literatura debe expresar la realidad más real, así como ''las formas posibles de nuestro destino intelectual e histórico'' ROCA, 1987)6.

En defintiva y para terminar, La tejedora de coronas aborda la realidad colombiana a partir de una visión del mundo liberal progresista para quien el pasado se ha prolongado de una manera nefasta hasta el presente: la modernidad seguirá siendo un disfraz mientras el Estado y la Iglesia sigan ejerciendo su despotismo y no se le den vía libre a las ideas y a la razón.

Para Germán Espinosa el proyecto de la modernidad no es la solución a los problemas latinoamericanos, lo que no significa que deba dejarse en su totalidad sino más bien vivirse a su manera, condición que le permitirá desplegar toda su potencialidad y recuperar el carácter universal del latinoamericano mucho más válido que el que se atribuye, impunemente a sí mismo, el pueblo norteamericano.

Es por ello que en el paroxismo producido por el castigo que la Santa Inquisición le infringe a su cuerpo a través de las autoridades civiles, Genoveva en uno de sus tantos momentos de lucidez, se atreva a manifestar que el conocimiento, cualquiera que sea su naturaleza, inevitablemente, nos induce al dolor. Es imposible saber sin que con ello estemos aportando a nuestra perdición:

...cuando por descuido, acaso en forma de interjección se nos escapaba el santo nombre de Jesús, los espíritus malignos desaparecían, tal es el poder de aquel conjuro y me pone en el potro y le confieso que robabamos tierra y huesos del cementerio para mezclar nuestros potajes, y me desgonzaba el cuerpo y he de informarle que aprendí la brujería en Tolú, y que sé volar en escobas, pero más no voy a informarle, senhor fiscal, outra traición como aquella de encubrir el encuentro com Leclerq enlas playas de Zamba, outra felonía no voy a cometer, así que máteme de una vez, como van a matar también a esta bruja de San Antero, a esta sabia mujer a la cual, de sentirme más joven, habría llevado a mi lecho porque creo que la amo, y que siempre há sido bello el infierno como destino, y el cielo para los mediocres (ESPINOSA, 1984, p. 559-5560).

 

BIBLIOGRAFÍA

ADORNO, T. Notes sur litterature. París, 1984, p. 335-336.

ESPINOSA, G. La tejedora de corona. Bogotá: Editorial Alianza, 1984.

GOLDMANN, L. La Ilustración y la sociedad actual. Caracas: Monte Àvila, 1968.

HABERMAS, J. ''La modernidad: su conciencia del tiempo y su necesidad de autocercioramiento''en Doce Ensayos. Buenos Aires: Taurus. 1989. , p. 29.

JARAMILLO, R. Colombia: la modernidad postergada. Santafé de Bogotá: Edit. Temis, 1994.

MUTIS, J. C. ''Discurso pronunciado en el curso de matemáticas en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario''. In MARQUÍNEZ A. G. Filosofía de la Ilustración en Colombia, (ORG.).Santafé de Bogotá: Edit. Búho, 1982.

RAMA, A. ''Los contestatarios del poder'' en La novela latinoamericana 1920- 1980, Bogotá: Procultura, 1982.

ROCA, J. y PÉREZ, C. ''Germán Espinosa, literatura en contravía'' en Magazín Dominical de El Espectador. Bogotá, agosto 23 de 1987.

SANTAMARÍA, R. E SILVA LUJÁN, G. Proceso político en Colombia. Del Frente Nacional a la apertura democrática. Bogotá: Cerec, 1984.

 

 

2 El Frente Nacional fue la solución a la denominada ''violencia'' de los años cincuenta y se propuso institucionalizar la alternancia de los gobiernos del país por parte de los partidos Liberal y Conservador anulando la posibilidad de la aparición de otras fuerzas políticas.
3 Ya, para los años ochenta, el crecimiento económico había sido del 75% en términos reales, para tener una mejor idea podríamos mencionar que en el campo de las exportaciones se pasó del orden de US $450 millones de dólares en 1957 a US$3400 millones en 1980.
4 Ibid., p. 21. No deja de ser por demás paradógico que esta frase haya sido pronunciada por el lider del movimiento ultraconservador denominado Regeneración uno de los autores de la Constitución de 1886 vigente hasta la fecha en que se escribían estas palabras.
5 Ibid., ''El discurso filosófico de la modernidad''., p.75.